Sean no lograba quedarse quieto. Su corazón latía con fuerza mientras caminaba de un lado a otro en el pasillo del orfanato, mirando de vez en cuando hacia la oficina donde James estaba hablando con la directora. Había esperado este momento durante días y, aunque trataba de mantener la calma, el miedo y la emoción se mezclaban en su pecho.
Desde la oficina, James lo observaba con una pequeña sonrisa, notando lo nervioso que estaba su esposo. Era raro ver a Sean en ese estado; por lo general, él