La mano de Sean temblaba ligeramente mientras sostenía el teléfono con fuerza, mirando la pantalla con los ojos vidriosos y la respiración agitada. Sus dedos, blancos por la presión, presionaban el botón de llamada una y otra vez, casi desesperado, como si insistir pudiera forzar a James a contestar. En su mente, las peores imágenes comenzaban a invadirlo. Sabía que Riso era un hombre peligroso, alguien que no tenía escrúpulos ni respeto por la vida ajena, y su esposo había ido directamente a e