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Capítulo 18: Descubrimiento parte 3

Dejo de pensar en él y me concentro en este momento, vuelvo a intentarlo y respiro profundo, descubro que debo hacerlo de esta manera para poder tomarlo todo.

Empieza mi danza, escucho sus gemidos y gruñidos cada vez más fuertes, siento cómo su cuerpo se estremece y como sus manos se cierran contra mi cabeza y sus dedos se enredan en mi cabello.

 ¡Oh por Dios!

Esto es fabuloso, no sabía que una mujer podía tener tanto poder; a pesar de que no lo estoy mirando, sé que en este momento, puedo hacer lo que quiera con él.

Su cuerpo empieza a estremecerse, se mueve en la cama y aprieta un poco más.

 ¿Va a correrse?

—Tesoro, tienes que parar o voy a correrme en tu boca —dice y la duda me embarga por un momento, estoy tan excitada que quiero sentirlo en mi interior, pero también quiero vivir nuevas experiencias y sentir como se corre en mi boca —¡Tesoro! —Sigo estimulando y trago con fuerza cuando lo siento crecer al interior de mi boca —Voy a correrme, tienes que parar ¡Ahora!

Su voz suena más roca y profunda, acelero mis movimientos hasta que siento el flujo salado e intenso descender por mi garganta.

Nunca hubiese imaginado que sería de esta manera, en realidad, nunca me había imaginado absolutamente nada, retiro mi boca y trago con fuerza, para luego limpiar las pequeñas gotas con mis dedos y llevarlos a mi boca.

—Eres realmente hermosa e impresionante —me dice el señor Perverso.

Su erección comienza a estar flácida y me pregunto cómo puedo hacer para que esté en mi interior, estoy tan húmeda y caliente que lo necesito en este momento.

Me inclino y hago lo mismo que él ha hecho, lo beso y extiendo mi cuerpo contra el suyo, sus manos aprisionan mi cuerpo y empiezo a moverme contra él, mi pelvis contra la suya.

El beso se alarga, se vuelve completamente salvaje y sus manos no paran de acariciarme, las mías recorren el dorso de su cuerpo y se detienen en el principio de sus glúteos, estamos sudando, nuestras respiraciones, superficiales y acompasadas, son el sonido predominante en la habitación.

Dejo de besarlo, me siento sobre él y empiezo a moverme, mi vagina humedeciendo su miembro, masajeo mis senos mientras lo siento crecer, estar a oscuras hace que todo sea más intenso, actuó descubriendo mi cuerpo y el suyo, la sensación de libertad es increíble.

—Quiero tenerte dentro de mí —susurro, olvido el "Usted" y el señor y solo pienso en mi placer, tomo su miembro en mi mano y me muevo un poco para llevarlo a mi interior.

—¡Espera! —Escucho que murmura y escucho el ruido del preservativo al rasgarse y me mueve un poco hacia arriba, no puedo verlo, pero sé que está poniéndoselo. —Ahora, tesoro, soy todo tuyo. —Me muerdo los labios y en cuestión de segundos he descendido y lo he introducido por completo en mi interior.

 Contengo el aire y me muerdo los labios ¡Se siente tan profundo, tan grande! Me quedo quieta unos segundos hasta que mi interior se acostumbra y luego empiezo a moverme sobre él, se siente increíble, me inclino a besarlo y descubro el roce de mi pelvis contra la suya, y me quedo sin palabras, gimo fuerte contra su boca y me muevo mucho más rápido, mi cuerpo reacciona y no tardo en comprender cómo debo moverme, así que acelero mis movimientos y me dejo guiar por mis sensaciones.

 Las manos del señor perverso me sostienen de las caderas, grito con fuerza y llevo mis manos a mi cabello, mi espalda se arquea mientras siento cómo él levanta su cadera y me pierdo en un orgasmo que me deja satisfechamente agotada, con palpitaciones en mis sienes y con la respiración entre cortada.

Siento como el señor perverso se corre y me dejo caer sobre su cuerpo, beso su cuello salado, mientras acaricia mi cabello y espalda con sus manos, deshace el nudo de la venda y la quita de mis ojos, parpadeo y levanto la cara para poder mirarlo.

—Has estado maravillosa —dice y yo escondo mi cara en su pecho, recoge mi cabello y levanta mi cabeza. —No tienes por qué avergonzarte, conmigo puedes experimentar y descubrir todo lo que desees.

 Me muerdo el labio y recuerdo lo que soñaba con Enzo, para nada parecido a lo que he vivido estás tres noches.

 —¿Has tenido sueños húmedos conmigo, tesoro? —me susurra al oído, todavía acariciando mi cabello

¡Mierda!

Claro que los he tenido y para nada se parecían a los sueños con Enzo, esta mañana cuando me desperté, estaba mojada y me estaba acariciando, casi muero de la vergüenza cuando vi a mi madre en la cocina.

—Yo no... —Oculto de nuevo mi cara, el señor perverso ha doblado una rodilla y mi cuerpo descansa plácidamente sobre el suyo, estamos sudorosos, nuestras respiraciones empiezan a calmarse y yo solo quisiera quedarme así, de esta forma para siempre.

—Lo has hecho, no tienes por qué sentir verguenza, yo también los he tenido contigo y no es muy cómodo despertarse con una inmensa erección cuando no estás a mi lado. —Besa mi cabello. —Ya me contarás que has soñado y te aseguro que antes de que termine esta semana, haremos realidad tu sueño. —Levanta mi cara y me besa apasionadamente, para luego separarse y susurrarme —¡Y el mío!

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