Mundo ficciónIniciar sesiónDescubrimiento: "Un descubrimiento es la observación novedosa u original de algún aspecto de la realidad, normalmente un fenómeno natural; el hallazgo, encuentro o manifestación de lo que estaba oculto y secreto o era desconocido"
***********************************************
Seis meses antes
Día dos: martes
Estoy completamente alucinada, nunca en mi vida hubiese podido imaginarme que se podría disfrutar de esta manera con el sexo y a pesar de la incomodidad que sentí al principio por entregar mi virginidad a un hombre del que no conozco ni siquiera el nombre y todas las dudas que he tenido durante este día, lo que el señor Perverso me ha hecho vivir hasta este momento, ha sido increíblemente maravilloso.
Hoy he entrado sin dudarlo, no veía la hora de terminar el turno, cada vez que tenía que ir a limpiar una habitación lo buscaba con mi vista, pero a la vez sentía un nudo en el vientre al pensar que podría estar con alguien más, me prometió que durante esta semana no estaría con otra persona y no tengo la menor idea de por qué motivo confío en él.
Llevo un vestido negro, largo y no me he puesto nada más, no llevo ropa interior, porque hoy debo ponerme el body dorado, ayer me fui y lo dejé en la habitación, deseaba quedarme más tiempo, pero estoy durmiendo muy poco y le estoy exigiendo mucho a mi cuerpo, así que he decidido venir cada noche, pero irme más temprano de lo que lo hice el primer día.
Entro en la habitación y escucho la música, en esta ocasión ha puesto a Vivaldi, no recuerdo el nombre de la sonata, pero la reconozco.
Miro hacia el sofá, donde sé que voy a encontrarlo, la luz de la lámpara lo ilumina, no está bebiendo, solo está ahí sentado, con los brazos extendidos.
—Desnúdate. —Suspiro, no sé por qué esperaba un hola o algo así o que mi cuerpo siguiera tranquilo, cosa que, por supuesto, no sucedió.
Llevo mi mano a la tira del vestido y lo deslizo por mi cuerpo suavemente y sin dejar de mirarlo, me muerdo los labios y me inclino un poco, tengo los mismos zapatos de ayer, así que levanto mis piernas una detrás de la otra y salgo del círculo de mi ropa.
El señor perverso se levanta, camina y se detiene frente a mí, desliza un dedo por mi cuello y el valle de mis senos, cierro los ojos ante las sensaciones que despierta en mi ser.
—Eres perfecta. —Escucho su voz ronca y llena de deseo cerca de mi cuello, abro los ojos y vuelvo del mundo cargado de erotismo en el que me ha sumergido en un segundo. —Ven, voy a vestirte.
Entonces para eso hizo que me desvistiera, para poder ponerme el bendito body que se encuentra extendido en la cama, podría decir que está obsesionado con esa prenda, pero en este momento, yo solo puedo pensar de nuevo en su cuerpo sobre el mío.
Estamos en la misma situación de ayer y el primer día, yo completamente desnuda y el completamente vestido.
Toma el body y se inclina, levanto un pie y veo como introduce un lado, hace lo mismo con el otro pie y luego desliza la prenda por mis piernas, la sensación de sus dedos rozándome hacen que contraiga mi vientre, llega hasta mi centro y su respiración sobre mi vagina me estremece, siento como toma mis caderas con sus manos y luego una sensación de humedad y calor se apodera de mi centro.
¡Oh Dios mío!
Su lengua se apodera de mis labios vaginales y mi clítoris, gimo con fuerza y creo por un momento que voy a perder la fuerza y voy a caer, me inclino y llevo mis manos a su cabeza, sosteniéndome mientras su lengua continúa atacando mi feminidad.
Esto no se parece a nada de lo que he vivido hasta ahora, es algo indescriptible, aunque al parecer, todo lo es, pero, es como si no pudiera respirar y a la vez tuviera que hacerlo muy fuerte, como si quisiera moverme y quedarme quieta, siento como su lengua lame, succiona, gira y sopla sobre mi pobre intimidad que ante su ataque despierta las sensaciones más increíbles en mi interior.
Bajo la mirada y el señor Perverso me observa, antes de volver a chupar e introducir dos de sus largos dedos en mi interior.
¡Oh Dios!
—Voy a correrme —digo entre gemidos.
—Agárrate fuerte Tesoro —responde rápidamente, antes de intensificar sus embestidas con sus dedos y su lengua.
Me sostengo más fuerte, siento que el orgasmo puede llegar en cualquier momento, me muevo desesperada y busco mayor fricción, me inclino, tiro de su cabello para luego gritar como una loca, cuando siento que me pierdo en medio de las sensaciones.
—¡Merde! —grito y mi cuerpo se estremece por completo, para después quedarse quieto, relajado, en calma.
El señor perverso me deja un travieso beso y termina de ponerme el body, yo solo quiero tirarme en la cama y abrirme por completo, a pesar del orgasmo que acabo de tener, necesito más, como si esto solo fuese un aperitivo.
Observo como se pasa un dedo por su boca y limpia el resto de mi humedad, se lo lleva a la boca y lo succiona mientras me mira.
—Sin duda una delicia. —Trago fuerte, ¿Podré hacerle lo mismo? —Desvísteme —dice.
Lo observo sin saber que hacer, nunca he hecho esto, no he explorado a un hombre, ni descubierto su cuerpo, la única información que tengo, es la de los libros de anatomía que leo para mis exámenes.
¿Lo toco? O solo le quito la ropa ¿Hago lo mismo que me acaba de hacer?
—¿Quieres que te desvista? —pregunto como una idiota.
Acaba de regalarme un súper orgasmo y le estoy hablando como una adolescente virgen, por Dios, eso era hasta hace poco, lo de virgen, no lo de adolescente y está muy claro que ya he pasado página.
Se queda de pie, mirándome, no vuelve a hablar y no hace nada un absoluto, me muevo con calma y dejo que mis manos se acerquen a la chaqueta de su traje, la retiro con facilidad, le queda perfectamente.
Bajo la mirada y me muerdo los labios, mientras mis manos temblorosas se acercan a su cuello y camisa. A pesar de lo nerviosa que estoy, el hecho de descubrir poco a poco cada parte de su cuerpo me excita y las cosquillas y la sensación de vacío en el centro de mi cuerpo, vuelven con más potencia.
Desabrocho los botones y quito su camisa, sus brazos son musculosos y su abdomen completamente marcado, su piel es bronceada y suave.
Mi mano se desliza por su pelvis y toco su potente erección ¡Madre mía! Se siente tan grande al tacto que no sé como he hecho para acogerlo en mi interior.
Trago fuerte y bajo su cremallera, me inclino frente a él y deslizo su pantalón y su bóxer negros, de inmediato su grueso pene salta a la vista y me impresiono con su tamaño, abro los ojos y vuelvo a tragar con fuerza.
¿Tendré que meterme todo eso a la boca? Estoy segura de que no podré respirar, voy a ahogarme por completo.







