Los días pasaban lentamente en la mansión Carbone. La presencia de Derek ya no era una novedad, aunque la tensión con Sofía seguía flotando en el aire, como un gas inflamable esperando una chispa. Sin embargo, para James, la llegada de Derek fue algo diferente. En él, el niño de 11 años vio algo que no había encontrado en nadie más: comprensión, silencio, una especie de hermandad sin palabras. En Derek vio la posibilidad de algo genuino, algo que no era afectado por las expectativas de sus padr