Horas después, la puerta del quirófano se abrió, y un médico salió con el rostro cansado.
—¿Familia de Cristian Soto? —preguntó, mirando alrededor.
Vittorio se acercó de inmediato, con los ojos enrojecidos.
—Yo —dijo, sin importarle lo que implicara esa palabra.
El médico suspiró.
—La bala rozó órganos vitales, pero logramos detener la hemorragia a tiempo. Está estable, pero las próximas horas serán críticas.
Vittorio sintió que las piernas le flaqueaban.
—¿Puedo verlo? —preguntó, con la voz ro