Pero esa forma de pensar poco a poco, según la rapidez con la que Alessandro metia y sacaba la punta, aumentando gradualmente la presión y fuerza, dilátandolo, fue esfumándose, hasta que de forma natural, no existió nada que no fuera la constante expectativa de cuándo sería el momento en que Alessandro decidiera meterlo todo una vez por todas.
Aunque no pasó, por lo menos no tan rápido.
Ya que, incluso si Alessandro moría de ganas, la visión hipnotizante que tenía al frente se lo impidió. Porqu