El pasillo más amplio los recibió con un aire sofocante, cargado de humo y polvo suspendido. A lo lejos, el eco de las sirenas se mezclaba con los disparos que aún resonaban en distintos puntos de la prisión. La tensión era tan densa que cada paso parecía un desafío.
Carlo avanzaba primero, con el arma por delante, girando la cabeza de un lado a otro como un lobo en plena cacería. Riso lo seguía de cerca, sin perder de vista lo que ocurría a su alrededor. Su sonrisa había desaparecido, reemplaz