Jin caminaba de un lado al otro, con la mirada perdida y el corazón en un torbellino de emociones. Aún sentía el peso de las palabras de Alessandro clavadas en el pecho como espinas. La verdad sobre su madre, sobre Riso… sobre todo lo que nunca le contaron. Pero Matteo estaba allí, como siempre, como su constante en medio de la tormenta.
Matteo se acercó sin decir nada, con una calma temblorosa. Lo conocía bien. Sabía que Jin estaba a punto de estallar otra vez, que el dolor y la rabia eran un