Abro los ojos para descubrir que nos encontramos en un lugar bastante grande y viejo. Posiblemente se trate de una bodega antigua o algo por ese estilo. Giro mi rostro para encontrarme a una Caterina que no deja de llorar y lamentarse.
—Lo siento mucho señora Hazel, esto ha sido mi culpa —solloza.
—Está bien, no pasa nada. No te culpes por eso.
—¿Cómo no hacerlo? el señor Valentino va a matarme cuando se entere.
—Cálmate Caterina, ahora lo que tenemos que hacer es buscar una manera de salir de