VIOLA
Caminamos hacia el coche de Kevin. Mis pasos eran firmes, pero mi cuerpo aún temblaba ligeramente, ya no por miedo, sino por la adrenalina que aún no había desaparecido. Kenny se aferraba a mi pecho, sus pequeñas manos agarraban mi ropa como si temiera que volviera a desaparecer.
Lucas me abrió la puerta trasera. —Sube primero, Vi. Kevin y yo nos aseguraremos de que nadie nos siga.
Asentí, pero antes de entrar, volví a mirar hacia la casa de Kael.
La casa tenía el mismo aspecto que cinco