41. El Despertar de los Lobos
Elena no miró atrás cuando la empujaron hacia el interior del vehículo blindado del Melik. La pesada puerta de hierro se cerró, sumergiéndola en una penumbra sofocante donde el aroma a sándalo de Amir fue reemplazado por el olor rudo de la milicia.
El viaje hacia el campamento oriental de Sharqat fue una tortura de saltos y calor asfixiante. Elena fue arrojada en la parte trasera del transporte, custodiada por dos soldados que no apartaban sus ojos de ella. Sin embargo, su mente seguía atrapa