28. La Furia de la Reina Caída
Elena no esperó a que el permiso de Amir llegara. El aire en la torre norte se había vuelto irrespirable y la noticia sobre la salud de Matteo había actuado como un detonante. Guardó la pequeña cámara compacta en el bolsillo de su túnica y, aprovechando el cambio de turno de los guardias que Layla le había indicado, se deslizó por los pasillos laterales de la residencia de verano.
No se dirigía al ala médica. Se dirigía a los aposentos privados de la mujer que estaba pudriendo el reino desde