Unos pasos apresurados se escucharon a lo lejos. Luana miro hacia atrás y se dio cuenta de que era Valentino que estaba regresando con dos de sus guardaespaldas.
—Tino, regresaste — Dijo Luana acercándose a él, pero este la esquivo, dirigiéndose directamente a Maritza.
—¿Qué haces de pie? Te han dado de alta ayer, debes estar en cama aún.
—Lo sé cariño, pero me preocupé cuando me dijiste que nuestra pequeña estaba en la clínica y no pude quedarme en casa sin tener noticias de ella.
Luana miraba