Valentino los observo en silencio, había algo extraño en esa familia, solo quedaba ver cuál sería la reacción del anciano ante la osadía de su hijo.
—Bueno señor Ordóñez, ya sabe a lo que he venido.
—Lo sé. — Respondió calmadamente Valentino y mirando a Nicolás hablo. —Están en la sala de juegos, ve tú por ella.
El rostro angustiado de Aarón no le paso desapercibido, mientras la cara de la mujer era de furia extrema.
—Papá, no debiste molestarte, yo había venido por mi sobrina.
—Cállate. —Rugió