Miguel caminaba junto a Miriam a dejarla a su departamento, llevaba una sonrisa traviesa al haberle robado más de un beso en esa noche.
—Gracias por esta maravillosa noche, Miriam. Espero que la hayas disfrutado.
—Estuvo deliciosa la cena, Miguel. Gracias.
Miguel sonrió apenas, observándola con esa intensidad que siempre lograba ponerla nerviosa. La luz del farol de la calle iluminaba parcialmente su rostro, marcando sus facciones firmes y la expresión segura que siempre llevaba, subieron al de