La mañana se estiró lenta, pesada. Patrick salió temprano, hablándole con ese tono amoroso que ahora hacía que la piel de Amelia se erizara por razones equivocadas. La abrazó, la besó en la frente y le dijo que volvería tarde: tenía reuniones, acuerdos, llamadas.
Ella le sonrió. Seguro que tendría otra ronda de sexo con su secretaria por eso no volvería a almorzar.
En cuanto el auto desapareció por la reja principal, Amelia dejó caer la máscara. Respiró temblorosa, apoyándose en la encimera de