El día transcurrió con una lentitud insoportable para Amelia. Cada ruido en la casa, cada sombra, cada voz le parecía un posible descubrimiento. Patrick no volvió a la hora de almuerzo había dicho.. Ese retraso le dio a Amelia el tiempo que necesitaba… y también el miedo suficiente para casi desmayarse en cada minuto que pasaba.
A las cinco de la tarde, Patrick confirmó que estaría en casa a las siete.
Ese era el reloj que marcaba su respiración.
A las seis, cuando la servidumbre terminó su jor