El mes pasó con una calma que, aunque parecía estable en la superficie, estaba cargada de una tensión silenciosa, como si todos supieran que esa tranquilidad no sería eterna, Amelia se encontraba mucho más estable, su presión había bajado considerablemente y su embarazo comenzaba a sentirse más seguro, aunque Erick no bajaba la guardia ni un segundo, en ese mes la había colmado de cuidados, de atenciones constantes, de una protección casi obsesiva que a ella, lejos de incomodarla, la hacía sent