¿Estás seguro de que es aquí? —preguntó Erick, deteniéndose frente a la fachada sencilla de una florería que también funcionaba como cafetería, un lugar pequeño, acogedor, con vitrinas llenas de pasteles y flores frescas que contrastaban demasiado con la clase de persona que estaban buscando.
—Sí —respondió Damián sin apartar la vista de su tablet—, su última conexión desde el número fue aquí.
Miguel observó el lugar desde el interior del auto, con el ceño levemente fruncido.
—Bueno… es un buen