CAPÍTULO 125 — No debió hacer eso señor Carusso.
La mañana había llegado con un sol radiante.
Mildred caminaba con seguridad por el pasillo que llevaba al estudio del fotógrafo que le haría la prueba de cámara. Su porte era impecable, elegante, natural… como si ese mundo le perteneciera.
Llevaba una maleta en la mano. Sus ojos perfectamente maquillados, el cabello arreglado con precisión. Vestía una falda corta que dejaba ver sus largas piernas, una polera negra sin mangas y un abrigo que le daba un aire sofisticado.
Al entrar, sonrió.
—Bueno