Miguel sonrió y la besó.
Primero suave… pero el deseo se apoderó de él en cuestión de segundos.
Levantó la pierna de Miriam y la acomodó en su cadera, pegándola a su cuerpo mientras el beso se volvía más intenso.
Miriam enredó los dedos en su cabello, atrayéndolo más hacia ella, perdiéndose en sus labios.
Miguel deslizó su mano por debajo de su falda, levantándola apenas para sentir la piel cálida de sus piernas mientras su cuerpo se rozaba contra el de ella.
—Miriam… —murmuró con la voz baja y