Ya era tarde.
La luz del atardecer se colaba suavemente por las cortinas de la cabaña, tiñendo la habitación de tonos anaranjados y dorados. Afuera, el sonido constante del mar rompía contra la arena, llenando el silencio de la noche que comenzaba a caer.
Miriam dormía profundamente en la cama.
Estaba desnuda, cubierta apenas por las sábanas blancas que se habían enredado alrededor de su cuerpo mientras dormía. Su respiración era tranquila, pausada, como si por primera vez en muchos días su men