La cama de Mildred estaba revuelta. Ella estaba sobre el pecho de Armand, mientras él tenía los ojos cerrados y acariciaba su espalda con la yema de sus dedos.
—¿Por qué llegaste tan temprano?
—Quería verte… no esperé encontrarte con visita.
—No te importó mucho.
Armand la miró y acarició su rostro. La subió sobre su cuerpo y besó sus labios, bajando por su cuello hasta su pecho. Sus manos sujetaron sus muslos. Mildred cerró los ojos, sintiendo sus labios calientes contra su piel.
—Armand, debe