Hugo aún sigue en el restaurante. Su vista no se ha apartado de ese anillo que aún sigue sobre la mesa. No deja de pensar en todo lo que le dijo a Kayla y lo que ella le dijo a él.
La culpa lo carcome. Su ira lo ha cegado al punto de insultar a la mujer que más ha amado. Pero tampoco puede olvidar cómo es que ella se entregó a ese hombre. No puede olvidar cómo es que él la hizo suya, cómo es que gemiría su nombre mientras estaban en esa isla.
Esos pensamientos no lo dejan tranquilo. Pide v