Esa voz es la que menos quiere escuchar en este momento. Traga saliva esperando refrescar su garganta, que en estos momentos está más seca que el desierto. Al pasar ese líquido, le raspa la garganta como si no fuera suficiente para lubricar esa zona. Y sin siquiera voltear a verlo, empieza a hablar porque está segura de que no se irá tan fácil. Solo espera que no sea para sus absurdas declaraciones de amor que nadie le cree.
—¿Qué haces aquí, Hades? —preguntó Kayla viendo hacia otro lado. —C