Esa voz es la que menos quiere escuchar en este momento. Traga saliva esperando refrescar su garganta, que en estos momentos está más seca que el desierto. Al pasar ese líquido, le raspa la garganta como si no fuera suficiente para lubricar esa zona. Y sin siquiera voltear a verlo, empieza a hablar porque está segura de que no se irá tan fácil. Solo espera que no sea para sus absurdas declaraciones de amor que nadie le cree.
—¿Qué haces aquí, Hades? —preguntó Kayla viendo hacia otro lado. —Creí que cada quien seguiría su vida.
—Sí lo sé, y después de ver cómo te comprometías con tu novio, créeme que esa fue mi primera opción —declaró él con cierto desconcierto, aunque a la vez un poco triste de ver que ella no voltea a verlo. Dándole a entender que no le importa.
—Entonces, ¿qué haces aquí? —indagó la joven viéndolo por encima de su hombro por un leve momento, siendo el suficiente para que Hades se dé cuenta de la tristeza, la rabia y el rojo de sus ojos.
—¿Estás bien? —curi