Poco a poco se ha ido metiendo el sol; cada uno de los empleados se ha ido. Dejando la oficina en un completo silencio y oscuridad. Hugo, por su parte, sigue en su oficina muy impaciente de saber qué es lo que esa rubia trama. Escucha cómo unos pasos se aproximan.
Levanta la vista viendo por las paredes de cristal cómo se acerca esa mujer. Meneándose como si estuviera en una pasarela. Su cabello ondea como si intentara no pasar desapercibida. Y cómo el taconear de sus zapatos retumba haciendo eco en las paredes.
Hugo niega con la cabeza; no puede creer lo que sus ojos están viendo. Solo le ruega al cielo esperando que no haya nadie.
La puerta se abre. Entrando esa mujer. Quitándose los lentes. Dedicándole una sonrisa maliciosa al hombre que está a unos metros de ella.
—Déjame decirte que te ves bastante atractivo en esa silla —declaró llevándose el plástico de sus lentes a su boca y mordiéndolo con sus dientes frontales.
Hugo rueda los ojos ante el descaro de esta mujer