Raquel entra encantada a la mansión de sus padres. Sintiéndose un tanto aliviada de por fin estar en un lugar de su agrado. Continúa caminando hasta llegar al vestíbulo de la gigantesca casa.
—Bienvenida, señorita —se escucha la voz del mayordomo. Que entra al lugar.
—Gracias, Ramón —dijo la rubia por encima de su hombro. Viendo ese rostro conocido. —¿Sabes dónde están mis padres? Creí que estarían aquí al saber que regresaría.
—Su padre no ha venido en toda la noche. Creo que sigue en