Se aleja de mi un paso debido a que no logra intimidarme, y como le devuelvo la sonrisa con seguridad, no se esperaba que un niño de poca asistencia mostrara tanto orgullo. Pero su traspié no dura mucho, se recompone lo suficiente para recomponer su gesto y señalar las mesas con mando.
—Tomen asientos, llegan tarde. —Ordena con gesto despectivo.
—Disculpe profesor, pero —señalo el reloj que está sobre el pizarrón, el cual está sincronizado con la campana del colegio —la campana todavía no suena.