—Buenos días, —saludo tranquilo a las tres chicas que están hablando, llamando la atención de mi objetivo —, señorita Ágata, mi amigo me ha dicho que usted tiene una grabación importante que darle, ¿cabe la posibilidad de que me la de para hacerse la llegar? —Sonrío amigable.
Ella se sonroja al verme, quizás cautivada, pero no dura mucho el efecto cuando ella sonrie de manera astuta.
—Lo haré, si estás dispuesto a pagar el precio. —Dice viéndome de arriba abajo.
No borro mi sonrisa, más bien,