—No dejen de vigilarlo. —Ordena el jefe de los que me secuestraron y se aleja con su empleador.
Escucho atentamente los murmullos de los demás mientras se reparten las rondas para vigilarme, como a sus ojos solo soy un niño, estoy seguro de que me subestiman y no me prestan mucha atención. Incluso me ignoran porque creen que no puedo tener un As bajo la manga. Estoy tranquilo porque todavía no se han percatado del rastreador que siempre llevo conmigo, y conociendo a mi gente, ya deben tener un