Creo que ya es hora de irnos, ¡señores!... Lorenzo pone la cara de embarque y le contesta con fastidio…
— ¡Está bien, Román, dame unos segundos más!
— ¡Sí, pero acuérdese de sus hermanas, mírelas!
Nora y Sofía estaban sentadas, pero no tenían malas caras. Entonces Lorenzo reflexionó.
— ¡Está bien! ¿Trajiste carro Kathlyn, me supongo?
— ¡Sí, Lorenzo, yo tengo mi carro!
Román empezó a cerrar puertas, apagar luces y se despidió. Kathlyn logró por fin safarse de Lorenzo, aunque él estaba per