El gran ventanal de la habitación está abierto de par en par, se puede ver el firmamento, hay estrellas copiosas, fugaces que corren presurosas; y millares de luceros que palpitan, pero no menos hermosa es la gran luna que esa noche ilumina la escena; pero, no menos hermosa es Reishel, saliendo de su sala de baño lista para su marido ansioso.
Mauricio acostado semi arropado la contempla bajo la media luz, y la cara de Reishel no necesita mucho para brillar, sus ojos destellan. El babydo