El establo, los bellos animales, y el heno empacado terminó por recibir el cuerpo de Reishel, en una estocada inesperada de la vida. No podía negarse a sentir lo que sentía; abría los ojos y no podía creer que estuviera permitiendo lo que le estaba ocurriendo en ese lugar y con Mauricio.
Rogelio, por su lado, trataba de retener a Juan José, buscándole conversaciones que ni siquiera tenían relación con el objetivo por el cual invitó a Juan José a su oficina administrativa. Juan José estaba ansio