Reishel entra a la casa de la madrina como siempre, con la misma cara de agobio.
— ¡Ay mi niña, yo te conozco desde que eras una bebé, como quisiera verte sonreír como antes, que llegaras con otro ánimo, por Dios!
Reishel se sienta en el sofá y se rueda las gafas hacia atrás. Asomando su mirada clara, que ahora esconde la mayor parte del tiempo.
— ¡Marisol tiene razón, no veo el momento para verte de nuevo feliz, sonriente como antes!—Amapola opina lamentándose.
— ¡Ya falta poco para volver