Amapola se acerca a Reishel lentamente y se asoma, observa su rostro que está mirando el techo fijamente… y dos lágrimas detenidas acompañan su ceño fruncido; su pecho se agita, jadea; y ella está absorta en una lejanía mental que aterra. El silencio inspira respeto; cualquier insinuación es un atentado y casi una ofensa a la expresión efigia que modela el rostro que emula el sufrimiento; dos lágrimas de los ojos de Amapola se arriman al compás de las de su hija tratando de emitir el mensaje an