CATA
Al chocar mí espalda contra la pared. Furiosa, miro a Sebastián frente a mí. El, se agacha hasta quedar a mí altura y respira agitado en mí oído, causando que mí piel se erize. – Tranquila, pequeña. Soy yo, no te asustes.
– Por eso mismo, es por qué sos, precisamente vos. Que me alteró tanto. ¿ Que haces acá ? ¿ Cómo me encontraste?
Al demente se le dibuja una media sonrisa, tan perversa como atractiva. Su belleza oscura, sorprendentemente, nunca deja de impactar en mi interior. El, elude