CATA
Al salir del antro, me agachó en la vereda, haciéndome un ovillo y lloro como una Magdalena. No se, cuánto tiempo transcurre, pero mi llanto solo cesa, cuando percibo, un auto lujoso estacionarse a mi lado. De este, baja un hombre de traje oscuro y me mira fijamente para decirme. – Señorita, el jefe, ordenó que me asegure de llevarla a su casa a salvo.
Salgo de mi estado perplejo para asentir, sin importar que este hombre, puede ser un loco, violador o asesino serial . Me levanto con su