Morana
El viaje empezó en un tren y duró por varios días, hasta que llegamos a la región Rok.
Mi parte estúpida se ilusionó al imaginarme junto a Shenen en el tren, pero el muy descortés nos pidió compartimentos, no solo separados, sino en vagones diferentes.
Tan ridículo que es.
—¿Nunca llegaremos? —me quejo, pues estoy harta de andar a caballo en un bosque que pareciera no tener fin—. Desde que el tren nos dejó en esta región, no hemos hecho otra cosa que no sea cabalgar. Estoy hambrienta y cansada.
Él suelta un bufido de cansancio y se detiene.
—Mujer mimada, criada por la gran alcurnia, debes acostumbrarte a la vida dura, pues es lo que te espera, por lo menos hasta que terminemos nuestro trato y tú recuperes tu vida privilegiada. Mientras tanto, trata de adaptarte, pues este viaje no es por vacaciones.
Aprieto los puños contra las riendas y muerdo la parte interna de mis labios para contener la furia que sus palabras despectivas me provocan.
¿Quién se cree que es para tratarme c