Killiam
¡Maldición! ¡¿Quién se ha atrevido a tocar a mi luna?!
Golpeo el saco de entrenamiento con furia, y este, aunque es de puro hierro y está asegurado para que mi fuerza no lo derrumbe, cae desplomado porque no soy capaz de medir mi fuerza.
No ahora, no con esta ira que me está quemando.
«Debemos encontrar al intruso y asesinarlo lenta y dolorosamente», me insta mi lobo.
Y sí, tengo unas ganas inmensas de destrozarlo con mis propias manos, de ver su maldita sangre correr.
—Primero tengo q