El autobús de larga distancia llegó a Alicante justo cuando el sol comenzaba a pintar el cielo de tonos dorados y rosas. Ilein y Susy bajaron con sus mochilas ligeras, respirando el aire salado que llegaba desde el mar Mediterráneo —un aroma que les recordaba que estaban lejos de Madrid, lejos de los Moretti, lejos del peligro que les perseguía.
La ciudad despertaba despacio: tiendas de pescadores abrían sus puertas, los primeros clientes llegaban a los cafés de la plaza del mercado, y el soni