Después de casi un mes en Milán, Julliano ya conocía cada rincón de las calles cercanas a la casa de su mamá, los heladeros que hacían el mejor pistacho de la ciudad y hasta algunos amigos que había hecho en el parque. Pero esta era la primera vez que se quedaba a dormir en la mansión Moretti – la casa grande que su mamá le había dicho que pertenecía a sus abuelos, aunque él no entendía del todo por qué se sentía tan a gusto allí, como si llevara viviendo años en sus habitaciones.
Se despertó c