El refugio de los Moretti en las montañas de Catskill olía a pino, a café cargado y al miedo residual de una guerra que apenas comenzaba. Tras el rescate en el muelle, el aire se sentía espeso, como si la atmósfera misma supiera que la tregua era una ilusión óptica.
Luca Moretti observaba el valle desde el ventanal, con el brazo en cabestrillo y la mandíbula apretada. Detrás de él, el mapa holográfico de Omnis —el sistema de vigilancia global que los Valenti habían intentado monopolizar— parpade