68. Sombras que regresan
A veces, el peligro no ruge… solo respira muy cerca.
La noche se filtraba por la ventana de la pequeña oficina como una marea gris.
Valentina llevaba horas frente al computador, los ojos cansados, el cabello recogido en un moño desordenado, rodeada de papeles, notas y tazas de café a medio terminar.
El reloj marcaba las once, pero ella seguía escribiendo.
En su pantalla, un artículo a medio camino entre la denuncia y la confesión: Los silencios que matan: corrupción y poder en las licitaciones