48. Entre líneas y silencios
Hasta las almas más perdidas pueden soñar con la paz, si alguien logra tocarlas de verdad.
El reloj marcaba las cinco de la tarde cuando Giulia llegó a la oficina de Valentina. El edificio era modesto, casi anónimo, perdido entre cafés y tiendas familiares del centro de Roma. A pesar de su tamaño reducido, la oficina ya olía a tinta, a café fuerte y al leve desorden de papeles que siempre seguía a su prima.
Giulia subió las escaleras con paso ágil, llevando en sus manos una bolsa de papel de la