La noche se hacía cada vez más profunda, pero el par de ojos de halcón de Dave no mostraban la menor señal de somnolencia. El hombre permanecía fielmente sentado al borde de la cama, contemplando fijamente el rostro pálido de Elyn, quien se encontraba sumida en su sueño. Un tazón con agua tibia y un paño para compresas descansaban sobre la mesa de noche, a un lado de la cama. Cada media hora, con movimientos sumamente pausados para no perturbar la comodidad de la joven, Dave cambiaba la compre