Los primeros rayos del sol matutino se filtraron a través de las rendijas de las gruesas cortinas, aportando una nueva calidez a la espaciosa habitación de hospital de Dave. Al abrir los ojos, lo primero que hizo fue colocar el dorso de su mano sobre la frente de Elyn. Al notar que la piel de la joven había recuperado su temperatura normal y ya no ardía como la noche anterior, un largo suspiro de alivio escapó de sus firmes labios. La ansiedad que se había acumulado en su pecho se evaporó sin d