La caricia íntima y ardiente que Dave le propinaba a lo largo del cuello logró desmoronar la última defensa de Elyn. La mujer, que hasta ese momento había intentado endurecer su corazón para proteger el orgullo que le quedaba, finalmente se rindió ante la fuerza de gravedad de una pasión sumamente dominante. La atmósfera del apartamento, antes fría y rígida, se transformó en una habitación asfixiante por el ritmo de sus respiraciones agitadas.
Elyn cerró los ojos con fuerza, mientras sus dedos