La noche seguía extendiéndose como un manto espeso sobre la lujosa mansión de la familia Moreno.
En el dormitorio principal, el tic-tac del antiguo reloj de pared recubierto de oro parecía resonar con más fuerza de lo habitual, marcando cada segundo con una precisión implacable, como si estuviera contando el tiempo que le quedaba a Elyn antes de recuperar su libertad.
Veinticuatro horas más.
Solo un día.
Un único día antes de que toda su vida en Manhattan se convirtiera en un recuerdo lejano.
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