El intenso aroma del café arábica comenzó a impregnar lentamente el dormitorio principal, rompiendo los últimos vestigios del silencioso y frío amanecer.
Elyn caminó despacio desde la pequeña mesa, acomodando una taza de porcelana sobre una bandeja de madera con movimientos suaves y perfectamente ordenados. Su figura curvilínea estaba envuelta en un vestido de punto color crema, cuyo tono delicado contrastaba con sus ojos, donde aún permanecían las huellas de las lágrimas de la noche anterior,